El cuento del conejito corredor

Érase una vez un conejito que le encantaba correr. Cada mañana, después de despertarse se iba a dar la vuelta corriendo a la montaña donde vivía. Una vez al año, en la valle de la montaña se reunían todos los animales para hacer una carrera. Nuestro conejito corredor había ganado la carrera año tras año, ya que era el más rápido. Él era muy competitivo, pero también era muy poco amigable. Siempre que ganaba, se reía de los perdedores, haciendo que nuestro conejito se quedara solo y sin amigos.

Año tras año él iba ganado las competiciones, pero cada vez estaba más triste. La soledad le estaba pasando factura y ya no le consolaba ganar las carreras. Él quería ser feliz, tener amigos con quien compartir momentos divertidos, con quien jugar, con quien salir a correr. Así que en la carrera de ese mismo año, nuestro conejito decidió ser más amable y tratar bien a los otros animales que participaban en la carrera. Nada más llegar a la valle, se puso a saludar a todos los corredores, pero ningún animal le dirigió la palabra. Él tenía muy mala fama, caía mal a todos los animales. Nuestro conejito no pudo hacer ningún amigo antes de la carrera, se puso muy triste. Llego el momento de empezar la carrera, así que se puso en la línea de salida. Este año participaban solo los animales más rápidos de la montaña, entre ellos un gato, una liebre, un ciervo y un ratoncillo.

La carrera empezó y como no, nuestro conejito se puso en primer lugar. Solo le seguía de cerca la liebre, así que nuestro conejito se propuso bajar un poco la velocidad y ponerse a correr a su lado para hacerse su amigo. Hizo eso mismo, pero la liebre una vez estaba a su lado no le dirigió la palabra. Nuestro conejito se enfadó, así que dejo a un lado sus ganas de hacer amigos y se propuso ganar. Hizo un salta y aumento su velocidad pero en ese mismo salto le lanzo polvo a los ojos de la liebre sin querer. Nuestra liebre desorientada tropezó con una piedra y se hizo daño en su pata. No podía correr, y nuestro conejito se acercó rápidamente a pedirle perdón. La liebre seguía sin dirigirle la palabra, pero nuestro conejito dejo la competitividad a un lado y ayudo a la liebre a terminar la carrera. Una vez en la meta, nuestro conejito dejo que la liebre ganara. Él perdió la carrera, pero ganó un amigo de por vida.